lunes, junio 08, 2009

¿Para qué sirve un intelectual colombiano?

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez*

Virtualmente, para nada. Despreciando otras actividades más productivas que podrían cifrarse en una vida más útil y efectiva en su contribución a la sociedad, como ser relojero, ventrílocuo, payaso, esteticista o peluquero, y otras profesiones sin pretensiones pero genuinas; porque al fin y al cabo ellos son lo que dicen ser, los intelectuales colombianos son todo lo contrario de lo que se autoproclaman. Al menos, los que han logrado serlo, no lo han sido en el país. ¿Y cómo lo van a ser en un país donde no hay ciencia, blanco de la violencia y la barbarie, sumidos en el piélago de corrupción, y sobreaguando como ratas en una inundación de inequidad social y miseria?

La carrera de los intelectuales colombianos empieza desde jóvenes, particularmente en el campo de la letras: de negro todo vestidos y con melena rebelde lo he visto, empotrados en la barra de un bar, con un par de gafitas redondas y oscuras, oteando, mirando a ver qué poetica despistada y en primicias creativas cae en sus redes. Fuman un cigarro con aire melancólico, un poco relegados del resto de la concurrencia para reforzar el misterio. Nada les cuadra, todo los fatiga y cargan en su bolsillo un ejemplar de un librito de su autoría que nadie nunca quiso comprar. Y si lo compraron, nunca lo leyeron. Sin embargo, en la familia y en el barrio les dicen el intelectual de la familia. ¡Ay, dios! ¡Qué me tengan!

Pese a todo, andan disfrazados de cisnes, cuando lo que se halla detrás de su caparazón son chulos, aves carroñeras que se acercan medrosamente a los temas que no los comprometan ni los obligue a beber la cicuta. La integridad moral que los caracterizaba ha quedado por el suelo y nos le incumbe la connivencia con los plagiarios ni los asaltantes de los derechos de propiedad intelectual. Como dice Bibi: “Aquí lo importante es aparentar”. O el “copy” y “paste”.

Los que llegan a esferas nacionales los seduce el confort de las élites que los despreciaron, el mercadeo de la literatura desechable y los círculos de cóctel con piernitas de pollo. Algunos otros tienen la tentación de ceder a los deliquios burocráticos del poder, cuando el poder mismo lo podrían construir desde su potencialidad en reposo y gatillada, pero que no se dispara.

Las esperanzas se perdieron hasta en la producción de las revistas indexadas. El nicho privilegiado donde ponen los cisnes. Según Pablo Arango, catedrático y editor universitario, “lo que uno encuentra cuando consulta esas revistas es una serie de escritos contrahechos, triviales, autocomplacientes y, desde luego, casi ninguna discusión o crítica genuinas. Quizá esto explique por qué la mayoría de estas revistas especializadas tiene tan pocos lectores –si es que los tienen”.
La autodenominación de intelectual, que otrora se pelearan escritores y científicos, -donde teníamos chance- quedó en el piso ante los escritos contundentes de una nueva camada de científicos que escriben muy bien de temas de los que están muy lejos de poder escribir la mayoría de intelectuales colombianos: “biología molecular, inteligencia artificial, vida artificial, teoría del caos, paralelismo masivo, redes neuronales, universo inflacionario, fractales, sistemas adaptativos complejos, supercuerdas, biodiversidad, nanotecnología, genoma humano, sistemas expertos, equilibrio puntuado, autómatas celulares, lógica difusa, biósferas espaciales, hipótesis Gaia, realidad virtual, ciberespacio y máquinas teraflop, entre otros”.

Nosotros, a los sumo, lo que hacemos aquí como dice Pedro René: es bolitas de popó. ¡Y arman escándalos por eso!
*Docente Unillanos

2 comentarios:

padre dijo...

Mi estimado Otto
Creo que este tema encarna un auténtico filón aurifero para el debate..

Como dice mi maestro Carlos Iregui en la U N. "Va siendo hora de hablar también sobre la corrupción de los Académicos"...
Y es que los Colombianos hemos confiado ciegamente en los "pensadores", "intelectuales" o en los "académicos" y ellos rara vez dan cuentas públicas sobre sus actos y menos sobre las "obras"... y lo que es peor, creemos que pertenercer al círculo de tales nos confiere inmunidad ante el debate ético, mientras tanto, la nación -que no la patria marcha- al desbarrancadero que nos avisó hace tiempo Fernando Vallejo.

Me parece que el escrito sobre las publicaciones del señor Arango, en el Malpensante, es buen inicio, tu columna Parresiante también, pero tiene tal complejidad el tema, tantas facetas, tantos ángulos que da para muchos claroscuros.
Por ejemplo, que tal quienes posan de "representantes" de los académicos y son aliados del establecimiento, mientras dicen estar defendiendo a los "cacademicos".. la sal que se ha corrompido!...
Y que de los conversos; ahora más papistas que el Papa, obsecuentes con el poder...
Donde están los que auténticamente debaten, critican y generan nuevo pensamiento? Los que ayudan a formar opinión sin manipular para su propia conveniencia a los futuros votantes: estilo Antanas, el cual sería un buen Estudio de Caso...
En fín...
Hay tantas aguas turbias por muestrear...

Un buen comienzo, ojalá podamos masticarlo... como dice la propaganda de los chiclets..

padre dijo...

Y que tal la carta o columna del maestro Melesio Montaña del Llano 7 días del jueves 25 de Junio?...
Leerla es aber lo que piensa el pueblo, sin razón? sobre los intelectuales.