martes, mayo 25, 2010

Por la ley de descarte

Por: Otto Gerardo Salazar Pérez*

Ya que no pueden gobernar los filósofos el mejor gobierno sería que no existiera ninguno. O al menos, que existiera en su mínima expresión ya que el sentido alto de la “política” se ha degradado tanto. Puestos en la encrucijada de escoger alguno, el único remedio que existe es, a través de descarte, ir quitando lo más malo a ver qué queda.

Tres de los candidatos son opción continuista. Dentro de los tres, dos de ellos de clara de tendencia clientelista y representantes de las formas más tradicionales de hacer politiquería en el país: Santos y Nohemí. Y la tercera, con pretensiones de extrema derecha y falangista que no cuajó: Vargas Lleras. Peor es posible.

Santos ha jugado con las formulas más mañosas, que él llama “picardía” -que viene de pícaro-, y recogió a regañadientes el testimonio de Uribaco, quien ha mostrado reticencias para acompañarlo. En su campaña han estado tan desesperados que no le ha importado pedir en extradición hacia el país toda clase de delincuentes para que apoyen y rediseñen su estrategia para asaltar el poder.

Una tercera opción de las tradicionales clientelas partidistas que juega a ser de centro es el partido liberal, detrás del rostro de virgen dolorida de Rafael Pardo. Su indefinición de imagen -quiso hacer de logo rojo del partido liberal una colcha de retazos- y una oratoria tartamuda no logra reconquistar las antiguas y mayoritarias huestes liberales del país. El país cambió y ellos no lo supieron.

Petro es quien mejor habla y se muestra más consistente en el discurso. Sin duda, sería la opción a elegir. Pero no ha sido igual de consistente ni coherente su accionar clientelista como lo demostró su juego de ajedrez para empujar a sombrerazos a Carlos Gaviria de la presidencia del Polo y apoyar la elección del actual procurador: una caverna que se ha dedicado a atacar todas las causas y desarrollos legales de un país que luchan por salir del oscurantismo. Petro, aún no ha dicho una palabra al respecto.

Queda Mockus. Imprudente, o incauto o que desvaría. Como lo que dijo acerca de la remuneración de los médicos. Su merito, frente a un país hastiado de corrupción, falsos positivos y chuzadas, está en ser una opción real de cambio, demasiado real para los uribestias. Tiene la ventaja que representa una opción plural, que no tiene ningún otro de los candidatos, pues tiene dentro del rancho tres elefantes más con los que tendrá que acomodarse: Peñalosa, Lucho Garzón y Sergio Fajardo. Una nómina de lujo de entrada. Lo cuales, podrán contralar sus lances de iluminado y cierto despotismo ilustrado que exhala.

*Docente Unillanos

3 comentarios:

Diana Isabel dijo...

Entonces en tu opinión no hay opción? Yo tenía esperanza con Mockus, ahora eso del despotismo ilustrado me da miedo...

Anónimo dijo...

Por supuesto que no vamos a hablar de su abierta tendencia neoliberal ni de su radical oposición a cualquier salida negociada al conflicto armado colombiano... Ni vamos a recordar que fue la fórmula vicepresidencial de Noemí, una de las clientelistas (la más graciosa), ni tampoco que durante su rectoría se inició de hecho la privatización de la Universidad Nacional, ni su participación (a nombre de su esposa) en el millonario negocio que es Transmilenio...
No, para qué, a lo mejor no resulta ser el "menos pior" de todos... ¿y entonces?
Probablemente tocaría pensar cuáles son los verdaderos cambios que necesita el país (cambios de contenido, no de forma) y conocer en profundidad las propuestas de los candidatos, no solo repetir como loritos lo que escuchamos en la tele... ¿o no?

Anónimo dijo...

No había leído; y he de decir que no tenía tal pretención; ningún análisis tan "corto y sustancioso" Le aseguro mi amigo Otto que es ilustrativo, coherente, concreto, contundente y lo más neutral que se puede, dadas las circunstancias, hay que estar libre de tendencias politiqueras para reconocer que no hay mucho de donde elegir, pero aunque nos cueste debemos elegir a uno.
un beso.

Gaviota