jueves, octubre 07, 2010

Tres poietas

Carlos Pachón

Pedro René Eslava









Por: Otto Gerardo Salazar Pérez*

A la poesía en la región, me refiero a la de la Orinoquía, que prácticamente se concentra en Villavicencio, le ha hecho tanto mal la falta de una buena crítica como la abundancia de los malos poetas. La ausencia de una, por supuesto, se traduce en la abundancia de la otra, en una especie de relación simbiótica inversa. La mala poesía crece como yerba silvestre sin que haya una crítica especializada que la pode y haga una valoración adecuada de ella. La crítica literaria especializada es una cima a la que se accede desde una tradición llana y abundante de estudios literarios de la cual, obviamente, carecemos.

El campo queda entonces abierto, y es una invitación a transeúntes ocasionales, anhelantes del reconocimiento artístico como creadores. Y a los que sin tarjeta profesional intentamos algún género de crítica.

Como afirma Abad Faciolince, “no es que de poetas y de locos todos tengamos un poco; lo que pasa es que en el fondo de cada hombre, de cada mujer, se anida un mal poeta”. Este aserto, lleva implícito un canto de sirena que nos seduce y es pensar, así de fácil, que por obra de la naturaleza, todos tenemos un potencial creativo como poetas, cuando la experiencia y el largo trasegar de auténticos creadores demuestra todo lo contrario, que efectivamente, la poesía, es para unos pocos.
No es que se deba nacer; lo que viene al caso es cómo se es. No se es poeta por ambición, por ejemplo, como son la mayoría.

Siempre he dicho que la trampa mejor larvada por las élites criollas de Colombia para perder el potencial de inteligencia de muchos jóvenes, es haber auspiciado el paradigma anacrónico y romántico del poeta: ejercicio intelectual de máxima abstracción y retórica en medio de un entorno social conflictivo y caótico que demanda reflexión en el ensayo y la novela, por ejemplo. A los que han sucedido especímenes mutantes que recién colonizan las universidades y claustros: los intelectuales postmodernos que tascan el freno de su tartamudez citando a Heidegger y Habermas y escriben profusos textos oscuros e impenetrables que solo entienden sus madrecitas.

Saramago los retrataba: “son incontables las veces en que el conocimiento se atrinchera en los más sólidos bastiones de la ignorancia y del desprecio del conocimiento: todo consiste en usar la palabra sin reparar en ella o reparando demasiado, para que el simple entrelazo de los sonidos que la repiten ocupe el lugar, o el espacio (en un simple hueco explosivo de la atmósfera donde la palabra se aloja y se confunde), de lo que debería ser, si fuera realmente comprendido y explicado.”

Si se puede fingir un orgasmo, ¿por qué no el conocimiento?

Si la apuesta por la poesía es la simulación, por ejemplo, detrás de la ambición, los resultados son nefastos. Más les valdría ser medianos prosistas, con lo cual exalto el ejercicio de una poesía real, que suele producir las vocaciones sinceras, como reza la iglesia; las almas puras y cristalinas que no buscan otro objeto que la creación misma, así vivan como demonios en contra de los convencionalismos. Cuando ello es manifiesto, el resto de sociedad suele reconocerlo y devienen nacimientos de poetas sin fórceps. Es una especie de sacerdocio, que como se ha probado, igual en la iglesia, se ha corrompido y secularizado.

Fernando González los odiaba: “Es muy curioso observar a esos que llaman poetas, en Suramérica: borrachos casposos que se lamentan de “lo breve de la vida”, de la muerte de la novia, y que terminan vomitando sobre los transeúntes”.

En pocas palabras, a los poetas que creo es a los que son, como personas por encima de todo. Bastarán unos pocos ejemplos y adelanto que conocer algunos de ellos es un privilegio. Me refiero por ejemplo a Andrea Vergara, en volutas de reflexión sobre la escritura. De los regionales, a Carlos Pachón, buena gente a pesar de él mismo; a Pedro René Eslava, esmerado labrador de los 44 oficios del país del Orinoco, que con su apariencia de Sherk, refuerza su condición de hombre bueno; y a Vicente Casadiego, llorón y con mentalidad de sumisión, sin reparo en ofrendar su mejor vino a mercachifles a quien cree deberles. Sin embargo la flauta lírica le sonó alguna vez.

Carlos Pachón es prolífico y tiene un acierto constante. Para los lectores, comparto este poema dentro de muchos otros que considero buenos. Este no es el mejor pero develan la condición de muchos líricos de este inefable país de los que he venido hablando. Yo recomiendo Revólver y Angélica.

Encuentro Internacional de poesía

Se fueron los poetas. Vinieron al parque y contaron lo
que no pueden decir en sus casas. Se tomaron nuestro
trago, se fumaron nuestra marihuana, nos sacaron plata
prestada e intentaron sobrepasarse con las mujeres que les
presentamos.

A las cinco de la mañana uno se paró y dijo: Esta ciudad
es una mierda

¡Ah! Pero que falta me hacen los poetas.


De Pedro René Eslava, publicaría buena parte de sus “Cuarenta y cuatro oficios del país del Orinoco”, pero me quedo con el “Mi Banco”

Mi Banco

“Neoliberales del mundo: Uníos…”
D.R.A.

Hoy he alcanzado un éxito
que algún día envidiarán en “Wallstreet”:
he construido un Banco;
con dos maderos viejos y una tabla blanca,
debajo de un oloroso cadmio de flores amarillas
he construido un banco (Firts International Cadmium Bank)
Y me acomodo –como cualquier magnate-
a leer prensa mientras caen hojas y pétalos, ¡es como ver caer acciones verdes y amarillas a 25 ºC !...

Tanto como “trabajar llano” en mi chinchorro de Cumare,
así también es placentero pasar la tarde rumiando
nostalgias bajo el árbol fragante,
recibiendo las apuradas visitas de dos Canarios criollos
con cara de recién casados, o saludando pájaros N.N.
Y como en cualquier oficina metropolitana, desde mi lugar
observo como sucumbe alguna tempranera mariposa
nocturna ante las urgencias gastronómicas de un Pímparo
que la captura en el aire dejándole tornasolados
fragmentos a una frenética cumbiamba de hormigas negras…

Un buen deseo de mi Capitalismo Salvaje sería:
poseer sucursales de mi Banco debajo de otros árboles,
abrir oficinas en el bosque para leer poemas bajo las ramas
de los Araguaneyes o libros de filosofía a la sombra de las Ceibas.
Qué bueno sería deslumbrar tediosas miradas
plegándonos a la piel de los árboles,
verlos crecer para reconocer
-con aires de solterona incrédula-
el indicador ineludible de ¡como nos pasan los años!...


De Vicente Casadiego, el infaltable: Leyenda de Antiguos Caminantes, género defectuoso pero feliz.

Leyenda de Antiguos Caminantes

Consumimos este trozo de vida que somos.
Tito Lucrecio

Fueron antiguos caminantes
quienes inventaron la noche
para suspirar de ella olor a vino
y pronunciar palabras consteladas
de pájaros y sueños

Son hombres de armonías secretas
van al verano con intenciones de amar
vírgenes sabias en deliciosos poemas
las capturan en sus propias invenciones
y les dan libertad
cuando se anuncia la aurora

Yo les conozco
por su culpa he perdido lealtad al silencio
por su culpa
me he inclinado ante piezas de cofre
alucinadas
para saludar el alba
que se expande en aureolas como aroma en
delicada desnudez

Esos antiguos caminantes
son tan cercanos que
-ahora- nos pertenecen
al igual que nuestros propios sueños

A esta hora
sus depuradas manos levantan la copa
y planean su próxima invención

Allí los pueden observar
habitando también este rincón
de golondrinas acuchilladas por el viento

Todos ellos son fiel copia de un dios
que no entendemos
todos ellos alzarán la copa
y mágicamente escapará de ella una figura

Observemos

La música con hálito de fantasma
abandona el umbral de la ventana
y en ella nos transportamos
hacia una leyenda de antiguos caminantes


*Docente Unillanos

3 comentarios:

Diana Isabel dijo...

misPara esto que dices solo puedo citar este escrito que me acompaña siempre, Reflexiones sobre el escribir de Henrry Miller:
" Tengo fe en el hombre que está escribiendo, en el hombre que soy yo, en el escritor. Y no creo en las palabras aun cuando las junte el hombre más diestro: Creo en el lenguaje, que es algo que está más allá de las palabras, algo de lo cual las palabras no ofrecen más que una inadecuada ilusión. Las palabras no existen separadamente como no sean en los cerebros de los eruditos, filólogos, etimólogos, etc. Las palabras divorciadas del lenguaje son cosas muertas y no entregan secretos. Un hombre se revela en su estilo, en el lenguaje que él mismo se ha forjado. "
Y en ello creo, espero, trabajo.
Gracias.

Miguel M. B. M. dijo...

Lo que dice es muy cierto.Pues es enigmático, y a su vez diafano, que en la inmensidad de la flora y la fauna de la orinoquía se pierdan los poetas, y abuenden los biológos.

Sin embargo, esta esquela de enciclica exhorta a expresar las reconditas emociones,a quienes carecemos del valor para escribir.

Miguel M B. M dijo...

Lo que dice es muy cierto.Pues es enigmático, y a su vez diafano, que en la inmensidad de la flora y la fauna de la orinoquía se pierdan los poetas, y abuenden los biológos.

Sin embargo, esta esquela de enciclica exhorta a expresar las reconditas emociones,a quienes carecemos del valor para escribir.